Quim Monzó - Pigmalión

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Dedicado en exclusiva a mi sticky fingers (aka "Tubosa") de los vicios nocturnos de la fiebre del viernes noche.

Es una adolescente tan bella que nada mas conocerla Pigmalión quiere hacerle una escultura. La lleva al estudio y se pasa horas (dibujándola primero, pintándola después) antes de hacer la primera prueba en barro.
Contrariamente a la película la chica ni es ignorante ni es pija. Cuando acaba la escultura se han enamorado el uno del otro.

En la cama Pigmalión descubre que es tan bella y educada como inexperta. Consciente de su papel en la historia le enseña todo lo que sabe, sorprendido con la facilidad con la que la chica aprende, hasta que la convierte en la amante perfecta, consciente de serlo, la que siempre había soñado.

Se adapta a cualquier juego a la que la someta, hasta que la somete a todos los que sabe. Ilusionado por la receptividad de la chica rebusca en el saco de las fantasías que nunca ha llevado a la práctica hasta que ya no es solo él el que propone si no que son los dos a colmar un crescendo de fantasias excitantes.

Ahora la chica está a sus pies con la boca abierta y los ojos brillantes. Con una cuchara Pigmalión recoge la mezcla de semen y lágrimas que le recorren la cara a la chica y se lo pone en la boca, alimentándola como a un bebé. Pigmalión mira fascinado e inquieto como la chica chupa la cuchara. ¿Que más puede hacerle? La chica le implora que le haga lo que quiera.

-Solo hace falta que me obligues y me arrastraré por las calles, dice. Si quieres traeré hombres a casa para que veas como se me follan. Dime "puta", tú me has hecho así.
Es verdad. Sabe que solo que se lo ordene se arrastrará por las calles, pero también sabe que aunque no se lo ordene lo hará igualmente. Solo hay que mirarla. Cualquiera que la mire a los ojos verá un volcán de lascivia. Que no tan solo no se negará nunca a nada si no que aprovechará la primera posibilidad de traicionarlo para disfrutar del placer de engañar a quien ha sido su maestro. ¿Y si ya ha comenzado a traicionarlo y sabiendo que a él le gustaría saberlo y conocer todos los detalles por pura perversión no se lo dice?

Le vuelve loco la posibilidad que otro hombre se la meta sin él estar presente y perdérselo. La mira con rabia y pasión. Lanza la cuchara a un lado, se pone de pie, cuando la vuelve a mirar el corazón le palpita muy rápidamente. Con gran impulso recoge las cuatro cosas que la chica tiene en el estudio (un peine, unos pendientes, un pintalabios, un libro) las mete en una bolsa, coge a la chica de la muñeca, le aprisiona la bolsa en el sobaco, abre la puerta, la hecha fuera y cierra de un portazo.
-Puta!

**Info: Relato del escritor catalán Quim Monzó (uno de los pocos autores que tolero y benero en catalán) del libro "El perquè de tot plegat" (Quaderns Crema), editado también en español como "El porqué de las cosas". (Lo más peor es que este relato lo he tenido que traducir yo mismo del libro en catalán... la ocasión bien merecía la pena... solo me sabe mal no haber mantenido la frescura del lenguaje... de hecho me haría ilusión conocer la traducción oficial una vez yo hecho esto)

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Autor: sticky fingers

A Pigmalión es nuestro deber siempre traicionarlo. Por demostrar que le hemos superado, por ansiedad de nuevas cosas y sobre todo por listo.
Aparte de eso, cuánto más rico es todo lo rico con cuchara sopera.
Besos en el pelo, Steam querido.

Fecha: 01/04/2006 16:56.


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